
Mass Effect es todo lo que un buen entusiasta de la ciencia ficción podría esperar: Un fondo argumental de altura, unos personajes bien definidos, diseños espectaculares y una trama que va planteando incógnitas a la par que incrementa nuestras ganas de saber más. Además, bebe de mil y una fuentes, y aún así, evita caer en los estereotipos más recalcitrantes del género.
Con una introducción quizás demasiado larga, no es hasta pasados casi 40 minutos y tras desembarcar en el planeta Eden Prime, cuando arranca la primera misión.

Se podría decir que Mass Effect es una especie de Oblivion en tercera persona, ya que ambos juegos comparten estructura, libertad de acción y elementos de RPG. Si bien la sensación de mundo abierto queda menos patente en éste juego, debido a las inevitables transiciones que se producen al viajar de un planeta a otro. A su favor tiene en cambio, un sistema de conversación libre y dinámico, así como un sistema de batalla en tercera persona mucho más satisfactorio, heredado -salvando las distancias- de Gears of War.

La historia nos pone en el papel del comandante Sheppard, con la misión inicial de recobrar una baliza proteana perteneciente a una milenaria especie alienigena extinguida por circunstancias desconocidas. El objetivo se halla en Eden Prime, una colonia humana donde se desencadenarán los sucesos que nos llevarán a perseguir a nuestro adversario, Sarren, por toda la galaxia. Una galaxia construida con todo lujo de detalles argumentales, sin dejar ni un cabo suelto en lo que respecta a razas, motivaciones, evolución, historia... Todo documentado cronológicamente incluso desde el descubrimento por parte del ser humano de las primeras ruinas proteanas, hasta los primeros contactos con otras especies gracias a los relés de masa, pasando por conflictos, guerras e incidentes que conforman una base argumental inmensa sobre la que se asienta el juego.
Contamos con un personaje creado por defecto (abajo) con un acabado sensacional, pero podemos crearnos uno a medida alterando decenas de parámetros, incluyendo el sexo. Afortunadamente los resultados están a años luz de lo que se podía conseguir en Oblivion.

Visualmente el juego lo deja claro desde el principio; Con un acertado uso de los tan cinematográficos destellos de lente horizontales (sobretodo en los sintéticos Geth), así como desenfoque de movimiento, profundidad de campo, un toque de grano y las mejores animaciones faciales jamás vistas en un videojuego, la sensación es la de estar inmerso en una auténtica película (o serie) de ciencia ficción. Todo ello movido a tiempo real y sin trucos. No en vano, los únicos videos que veremos durante el juego serán las pantallas de carga o los saltos con los "relés de masa".
Bueno, vale: Hacia el final del juego hay algún plano de batalla pre-renderizado, punto.

Toda esta carga gráfica tiene sus consecuencias, que se traducen en forma de tirones que, sin afectar a la jugabilidad, nos recuerdan que, al fin y al cabo, lo que tenemos delante no es mas que un juego. El único defecto gráfico es que la carga de texturas sucede muchas veces ante nuestras narices, pudiendo ver como éstas se van aplicando sobre el escenario durante los primeros 4 o 5 segundos al entrar en una nueva área.
Ésto, tampoco conlleva una merma en la jugabilidad, pero de manera similar a lo que sería ver "los hilos" en un truco de magia, conlleva inevitablemente a una pequeña grieta en la maravillosa atmósfera creada.

Por contraste, el sonido tiene un protagonismo mucho más reducido. Sin ser deficiente en ningún caso, queda eclipsado por la excelente interpretación en las voces o por la interesante banda sonora. Así y todo, pasado un tiempo recordaremos los inquietantes sonidos de los sintéticos Geth o los derrapes de nuestro Mako mientras exploramos un mundo inhóspito.
Las voces se han mantenido en inglés, algo que se agradece dada la alta calidad interpretativa alcanzada que dificilmente hubiera llegado intacta al castellano. Por supuesto, contamos con excelentes subtítulos en nuestro idioma si bien en la edición especial los contenidos extras del segundo disco carecen de ellos.

La música corre a cargo de Jack Wall (Splinter Cell, Jade Empire) y Sam Hulick. Desde el inicio se aprecia un decidido alejamiento de los tópicos del género, pero tras unas horas de juego las expectativas nunca llegan a cumplirse, dando la sensación de que los temas no terminan de despegar. Así y todo, la banda sonora se ve beneficiada de temas adicionales compuestos por David Kates, así como del mismísimo Richard Jacques (Headhunter, Jet Set Radio, Metropolis Street Racer), que se incorporó ya en las últimas fases de producción del juego para volcarse en las cinemáticas más importantes con resultados tan espectaculares como éste:
Pese a tener cuatro compositores acreditados el resultado es sorprendentemente homogéneo, pero demuestra también que no necesariamente es el mejor camino. Así y todo, sus 37 temas pasan la prueba de una escucha aislada con un notable.

Los diálogos comprenden una parte importantísima del juego; Al principio resulta extraño seleccionar sólo el tema de la respuesta y no las palabras exactas que salen de la boca de nuestro personaje, pero tras unas horas nos daremos cuenta que el método funciona a la perfección. Pero lo más interesante son los debates morales que se abren constantemente y que provocan que, según tu respuesta, la trama se vea afectada de una manera u otra. Básicamente las respuestas a elegir se podrían englobar en "neutrales", "amables" o "agresivas", pero a medida que vayamos aprendiendo habilidades, tendremos acceso a nuevas opciones de diálogo que pueden variar sustancialmente determinadas situaciones. Y cuando digo "sustancialmente" me refiero a que nuestras decisiones llevarán en más de una ocasión a dictar quien vive o quien muere.
Con todo esto, no es de extrañar que en varias ocasiones me haya sentido literalmente acongojado tomando una dolorosa decisión, que me ha llevado a cargar de nuevo la partida para, tan solo, ver qué hubiese ocurrido de haber escogido otro "camino", con resultados cuanto menos, sorprendentes.

Si te limitas a las misiones principales la duración del juego puede antojarse algo escasa, algo que ha reconocido Bioware como un error, al no haber diseñado de alguna forma, una manera de obligar al jugador a pasar por la mayoría de ellas. En mi caso, las hice todas, tanto con el fin de alargar la duración del juego como por... porque me entretenían. Es cierto que gran parte de ellas son muy básicas y que el hecho de que las bases "prefabricadas" de los planetas sean casi iguales, les resta algo de interés, pero como buen RPG, permiten ir subiendo de nivel sin caer en el hastío.
El final es épico como pocos y sabe ganarse al jugador, que llega a los, como no, "cinematográficos" créditos finales, con una sonrisa de oreja a oreja y la sensación de satisfacción plena, pese a que se deja la puerta abierta para una secuela que, al menos yo, esperaré con ansias, si es que Bioware, tras ser comprado por Electronic Arts, no es desmembrado en el proceso.
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