lunes, junio 02, 2008

Manga: El Árbol que da Sombra

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Mi primer contacto con Osamu Tezuka fue a través de Adolf. Pese a que el estilo de Tezuka no suele entrar por los ojos, me llamó la atención esa extraña combinación de temática adulta y dibujos de estilo "cartoon". Por otro lado, quería conocer la obra de aquel al que muchos llaman "padre del manga" y Adolf me pareció la mejor opción.

Tras finalizar todos los tomos (y tras haber leído por el camino la obra corta "Metropolis"), pensé que Adolf tenía que ser por fuerza la obra cumbre del autor: La temática era imbatible, y la perfecta ejecución -y cierre- por parte de Tezuka, la habían encumbrado de golpe a la estantería de mis mangas más venerados. Pero llegó a mis manos el primer tomo de Hidamari no ki (El Árbol que da Sombra), y sin muchas expectativas comencé a leer una historia que por la temática (fin del shogunato), no me atraía especialmente.

Tras los 8 tomos y cerca de 2.500 páginas, Hidamari no ki ha despertado mi interés por la historia de Japón como ningun otro medio había logrado. Tanto es así que desde entonces he visto varias películas y releído otros mangas solo por el hecho de estar ambientados durante el mismo periodo o similar (la década del 1850 al 1860).

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Osamu Tezuka (1928 - 1989), creador del mítico Astroboy y considerado como el "padre del manga" es el autor de Hidamari no ki, manga que publicó entre 1981 y 1986 en la revista para adultos Big Comic. En ésta obra, Tezuka nos sitúa en un periodo crucial para japón a través de un personaje real y otro ficticio: Manjirô Ibuya, un samurái y Ryôan Tezuka, médico (que es ni mas ni menos que el bisabuelo del autor).

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Tezuka establece una analogía entre el Shogunato y un viejo cerezo: Ha dado sombra durante 250 años, pero su tronco está podrido por los parásitos con lo que un simple empujón bastaría para echarlo abajo. Tema recurrente a lo largo de toda la obra y que el personaje de Manjirô Ibuya convierte en su leitmotiv.

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Me parece especialmente interesante la manera en que se refleja el choque de culturas que se produce con la llegada de los "barcos negros" a Japón. Algo que hemos podido ver en otras obras, pero siempre desde el punto de vista occidental.

Aquí, en cambio, somos testigos de la incertidumbre y miedo que produce el desembarco de los "pelo rizado", que en el peor de los casos termina desembocando en xenofobia. Pero son realmente los pequeños detalles cotidianos los que aportan riqueza a la obra, como puede ser la sorpresa y el desconcierto de uno de los americanos cuando es invitado a una casa japonesa y el anfitrión muestra alegremente su miembro viril en una desenfadada conversación.

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El personaje de Ryôan Tezuka nos aporta un interesante punto de vista acerca de la evolución de la medicina japonesa, reacia en un primero momento a todo lo que tuviera que ver con la medicina "holandesa" (Holanda y China fueron durante mucho tiempo los únicos países que tenían tratados comerciales con Japón, por lo que occidente era conocido únicamente a través de Holanda), lo cual crea una fuerte rivalidad con la ancestral medicina china y que permite al autor enriquecer la obra con subtramas de carácter médico (recordemos que Tezuka estudió medicina).

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Manjirô Ibuya por otro lado nos sirve para conocer el modo de vida de los samuráis y cómo afectaron todos los cambios que condujeron al final del shogunato. Los que hayan visto la Hollywoodiense "El Último Samurai" tal vez recuerden la escena donde se entrena a un ejército de Japoneses en las artes de guerra occidentales con armas de fuego, si bien está localizada en 1877; Casi diez años después.

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Ibuya, además, sirve al autor para presentarnos las relaciones con occidente desde el punto de vista de un japonés relativamente corriente, samurai, eso si, pero con una mentalidad abierta, pese a sus infructuosos esfuerzos por evitar la caída del bafuku.

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Un aspecto especialmente destacado es la evolución de sus personajes. Nos unimos a ellos cuando aún no son personas totalmente independientes y a lo largo de las páginas los vemos madurar, equivocarse y sobreponerse a un destino cada vez mas incierto.

Hidamari no ki es una manera excelente de aproximarse a la cultura nipona. Su rigor histórico -con las inevitables partes de ficción- y su desarrollo adulto, nos llevan a vivir de la mano de Ryôan Tezuka y Manjiro Ibuya, una de las épocas más cruciales para el destino de Japón.
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3 comentarios:

Dogame dijo...

Nunca me ha gustado Tezuka, siempre me ha parecido demasiado "regional", poco universal en lo que a la temática manga se refiere. Lo veo como muy centrado en su país. Pero me alegro de saber que, al menos, tocó la temática adulta-histórica con rigor y "gracia".

Javier Gallén dijo...

Dale una oportunidad. A lo mejor en su día no estabas preparado para semejante maestría, jeje.

De todas formas aún me quedan muchas de sus obras por leer, de las cuales Astroboy es la que (vista desde fuera, rápido y mal) menos me entusiasma.

Keichi dijo...

Teniendo en su haber obras como Buda o Adolf no entiendo como se puede calificar a Tezuka como de autor "regional". Y encima dentro del manga! Precisamente Tezuka es uno de los creativos más universales del comic japonés!

En cuanto a El árbol que da sombra, es un manga excelente. Quizás la profusión de personajes y eventos históricos extraños para el lector extranjero dificulta un poco su lectura, pero las historias que plantean son comunes a todos.

Un saludo