martes, septiembre 23, 2008

Segunda opinión: El poder de la nostalgia

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Los videojuegos son una parte más del ser humano, cosa impensable en sus comienzos, y como tal provocan el llamado "efecto nostalgia": cada cierto tiempo te pones a escuchar otra vez a tu grupo favorito, o en este caso, vuelves a jugar a aquellos clásicos que marcaron tu infancia y adolescencia.

Y es aquí donde se nos muestra una realidad latente: si bien dicha nostalgia es algo personal e intransferible (o al menos, reivindicado en menor medida por Internet), la acción empresarial ha sido la de "todos a una": hoy en día en cualquier plataforma te encuentras con la "consola virtual" de turno, en la que por una "módica" cantidad te perdonan la vida y te dejan jugar a cosas que ya pagaste (o pagaron los papás) en su momento, sólo por el encanto de recordar. Sin lugar a dudas, eso no es del todo criticable, puesto que entiendo que no todo el mundo guarda sus consolas o gusta de emuladores. Pero lo que me parece lamentable es que se utilice esta excusa para tapar el bajo nivel general de calidad en los últimos años.

Que haya juegos como Super Mario Bros en una Wii demuestra que quizás el catálogo que están sacando, pese a llevar ya un cierto tiempo en el mercado, no es ni mucho menos suficiente para calmar las ansias jugonas, no ya de "hardcore-gamers", sino de gente adulta que tiene poco tiempo al día que dedicar a su ocio favorito. Y no sólo eso lamentablemente: Las secuelas, que en muchas ocasiones no guardan parecido alguno con la franquicia original (como los Crash Bandicoot) aparte de los personajes demuestran ya que las marcas gigantes del sector empiezan a tirar de conocidos para que la ventas se disparen en juegos que, de otro modo, pasarían al más absoluto de los olvidos. No siempre las secuelas son malas, ojo, pero desde luego que incluso un juego que nació hace menos de 10 años como Grand Theft Auto lleve ya más de 4 entregas da mucho que pensar sobre la salud general de los videojuegos. Y lo que es peor, el usuario medio no sólo se conforma, sino que disfruta con dicha explotación y repetición innecesaria (más de una vez he leído “lo grande que es EL PRO” cuando llevan sacando el mismo santo juego desde Nintendo 64 con cuatro cambios…).

El poder de la nostalgia es fuerte, pero ¿cuánto aguantará a fuerza de tanta secuela?
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